El pacto con el lector

El reportaje sobre una niña que padece una enfermedad de las llamadas raras se convirtió en noticia: de ‘El Mundo’ saltó a Twitter, de ahí a las televisiones y en apenas cuatro días se recaudaron más de 150.000 euros que, según explicaba el padre, irían dedicados a financiar un tratamiento experimental y prohibido en España. El blog Malaprensa fue el primero en señalar algunas incongruencias en la historia. La historia fue detalladamente desmontada en Hipertextual y en ‘El País’. Esta semana los mismos platós de televisión que acogieron la conmovedora historia y sirvieron de altavoz a la campaña de recaudación de donativos se llenaban de los periodistas que, ahora sí, usaban los datos comprobados por otros para destapar las mentiras y exageraciones del caso. Los padres mintieron, los mossos actuaron y el padre ha pasado a disposición judicial. Se ha sabido que el padre ha dejado un reguero de engaños y estafas de mayor o menor medida, algunas denunciadas y otras no.

Estas semanas se recuperó una entrevista de 2013 en la que Bernardo Bertolucci confesaba sentirse “culpable” por cómo habían tratado él y Marlon Brando a Maria Schneider durante el rodaje de ‘El último tango en París’ y la escena conocida popularmente como la de la mantequilla. Aparecieron campañas acusando al actor y al director de violación. En 2007 la actriz explicó: “Durante la escena, aunque lo que hacía Marlon no fuera real, yo lloraba de verdad. Me sentí humillada y, para ser honesta, un poco violada por Marlon y Bertolucci”. El director ha tenido que aclarar que no hubo violación. En ambos casos el rigor periodístico sucumbió al titular y la pereza interpretativa hizo el resto: así se crean y favorecen los bulos. El error no es solo de los periodistas, de la búsqueda del titular llamativo y la repercusión fácil y rápida, es también del lector que se deja llevar por la espectacularidad de lo noticioso para crearse una opinión sobre la noticia antes de leerla. Para que el pacto entre periodistas y lectores funcione estos deben mostrar que son exigentes y aquellos, que se guían por el rigor. Solo así los periódicos demostrarán su utilidad y que están cumpliendo con su misión: informar.

*Columna publicada el domingo 11 de diciembre de 2016 en Heraldo domingo.

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