Entrevista a Vincent Delerm

            Vincent Delerm (Rouen, 1976) presenta su tercer disco, “Les piqûres d’araignée”, con una gira en La Cigale de París. Delerm es un cantante atípico y al mismo tiempo genuinamente francés. Si le preguntan por la nueva ola de cantantes franceses, responde que se debe al público y que los cantantes siempre han estado. Se ríe de los intelectuales, de las obras de teatro, de las chicas que se toman en serio y de sí mismo. Las letras de Delerm hablan de amores que comienzan, otros que terminan y otros que vuelven una y otra vez, de viajes, de “Annie Hall”, de Fanny Ardant, de Modiano o de las piernas de Steffi Graf.

            Da la impresión de que este disco tiene más unidad que los anteriores.   

            Las canciones de los discos anteriores las había escrito para tocarlas en bares y tenían que existir de manera individual. Los primeros discos no fueron concebidos como tales, sino que eran una suma de canciones que ya existían. En el último sí tenía la idea de hacer un álbum, las canciones tenían que complementarse para funcionar como un todo: hay temas que reaparecen, atmósferas que se cortan, también en lo musical.              

            ¿Cómo se consigue esa unidad entre melodía y letra?

            No lo sé, no tengo una técnica definida, depende de la canción. No hay leyes, ni lugares o momentos perfectos para escribir. Escribir canciones consiste en capturar pequeñas cosas que están en el aire. Al principio es muy intuitivo y después se utiliza la técnica. A los artistas, en general, les cuesta hablar de la técnica porque creen que se convierte en algo fabricado. Una vez que has capturado la emoción, el sentimiento o la sensación de la que quieres hablar, hay que construirlo. Nunca escribo una canción de una sola vez, la corrijo y vuelvo sobre ella. Es trabajo, en el buen sentido de la palabra.

            Hablas de películas, de libros y también de cosas muy cotidianas, ¿cómo conviven?

            Las canciones son un diario de a bordo en el que caben cosas aparentemente sin interés. En un libro o en una película no nos sorprendemos si un personaje escucha una canción, lee un libro o va al cine; si lo haces en una canción te tachan de intelectual. Los actores y películas de los que hablo son conocidos para el gran público. Siempre me han gustado las canciones en las que hay una representación de la vida y la vida pasa por lo cotidiano, por ir al cine, por leer un libro. No creo que haya una división entre los temas de los que se puede hablar en música y los que no.

            Tus canciones admiten casi siempre una interpretación autobiográfica, ¿por qué?

            En realidad, todo es autobiográfico, incluso las cosas que no has vivido. No tomo notas ni vuelvo de un sitio pensando que he encontrado un argumento genial para una canción, espero a que la situación se repita hasta darme cuenta de que no es casualidad y que, a lo mejor, tiene un valor de ejemplo.  

            Los tres discos tienen un trasfondo melancólico que se alterna con la ironía y el humor.

            Seguramente soy un poco así en la vida. Me gustan las canciones melancólicas sin renunciar al humor, se complementan. Siempre me ha atraído eso porque creo que la vida es así. En el concierto se ve más claro que las unas acentúan la importancia de las otras y viceversa.

            Tu directo es original y fresco, el público se convierte en protagonista: hay proyecciones, diapositivas, voz en off… ¿Haces tú la puesta en escena?

            Sí, sólo hago lo que me gusta ver cuando voy a un concierto. No quiero que sea demasiado teatral porque es un concierto, pero sí hay una narración, ideas que sirven de hilo conductor. No se me ocurren de pronto, son astucias que resuelven problemas.

            Haces versiones especiales para el concierto y actualizas las letras.

            Las canciones tienen que estar vivas y en movimiento, si no se sacralizan como si fueran obras increíbles e intocables. Me gusta escribir para un público que va a escuchar y va a reaccionar o no ante lo que oye, me parece divertido.

Si te digo Zaragoza, ¿en qué piensas?                             

            En El manuscrito encontrado en Zaragoza. En general, relaciono España con el fútbol o con el vino: lo único que bebo antes de los conciertos es vino español. ¿No había un entrenador que se llamaba Fernández?

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