Libros que conversan

(Natalia Ginzburg)

Natalia Ginzburg publicó Léxico familiar en 1963. Dice en el prólogo: “Y es que este libro, aunque haya sido extraído de la realidad, debe leerse como se lee una novela, es decir, sin pedir más, ni menos tampoco, de lo que una novela puede ofrecer. [...] No deseaba hablar de mí. Esta no es mi historia, sino (incluso con vacíos y lagunas) la de mi familia.”

Léxico familiar es uno de mis libros favoritos y Natalia Ginzburg una de mis escritoras favoritas, por eso propuse este libro para un club de lectura sobre novelas autobiográficas. Y por eso lo releí hace un par de semanas. Es un libro delicioso, recoge las expresiones de los padres, hermanos, amigos, los personajes que conforman el paisaje de la infancia y adolescencia de Natalia Ginzburg que quedan retratados por sus palabras. Uno de los protagonitas es el padre de la Ginzburg: Giuseppe Levi, profesor de Anatomía en la Facultad de Medicina de Turín, que fue maestro, entre otros de Rita Levi-Montalcini.

(Rita Levi-Montalcini)

Elogio de la imperfección es el título de las memorias de Rita Levi-Montalcini, un personaje fascinante. En sus memorias habla de su madre, de la relación con su padre, que siempre le reprochaba que prefiriera besar al aire antes que a él y que murió demasiado joven, de sus estudios en la facultad y de su profesor, Giuseppe Levi. A él le dedica el capítulo 6 de sus memorias, “Aprendizaje con un maestro”.

(Giuseppe Levi)

Giuseppe Levi no es el único personaje que aparece en los dos libros: Terni, amigo de Levi, apasionado de Proust y culpable de la complicidad entre Paola y Mario, hermanos de Natalia Ginzburg, en la adolescencia. Terni fue expulsado de la Academia dei Lincei el 4 de enero de 1946 junto a otros treinta y nueve miembros, por su vinculación con el régimen fascista. Cuenta Levi-Montalcini que Giuseppe Levi era el secretario de la comisión. “Por él supe que Terni figuraba en la lista de expulsados, y le comenté que la sanción, que yo juzgaba injustificada porque Terni, aunque simpatizaba con el régimen, nunca había desempeñado cargos públicos, podía empeorar el estado depresivo de nuestro amigo. Pero Levi me contestó que, precisamente por ser su amigo, tenía el deber de actuar con él como con todos los demás. [...] Tullio Terni, deprimido como estaba, cayó en tal desesperación que el 25 de abril de mismo año puso fin a su vida, con una de las cápsulas de cianuro que tenía preparadas para el caso de que él y sus seres queridos cayeran en manos de las SS en tiempos de la invasión nazi. La noticia, que conocimos a la mañana siguiente en el Instituto, representó un terrible golpe para Levi: demasiado tarde se daba cuenta de lo mucho que había subestimado la sensibilidad y vulnerabilidad del amigo y lo muy injustificada e injusta que había sido la grave medida tomada contra él.”

De Terni escribe Natalia Ginzburg: “En cuanto a Terni, si mal no recuerdo, no era nada melancólico, no se sentía atraído de forma especial por los lugares abandonados y silenciosos, y tampoco daba nunca paseos melancólicos y solitarios. Terni vivía de un modo completamente normal: en su casa, con su mujer Mary, la niñera Assunta y sus hijos Cucco y Lullina, a los que él y su mujer mimaban, y ante los que ambos solían extasiarse. Pero Terni había introducido en nuestra casa el gusto por la melancolía, por las actitudes melancólicas, lo mismo que había traído la Nouvelle Revue Française y las reproducciones de Casorati. Y Paola y Mario habían aceptado esa invitación.”

Léxico familiar, Natalia Ginzburg, Lumen, 2007. Traducción de Mercedes Corral.

Elogio de la imperfección, Rita Levi-Montalcini, Tusquets, 2011. Traducción de Juan Manuel Salmerón.

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