Aloma Simpé

Jóvenes y guapos se está imprimiendo

Dejo la portada y el texto de contraportada de Jóvenes y guapos (Xordica 2010); la portada es de Clara Carnicer. La colección de relatos de Jóvenes y guapos ganó el Premio de narrativa en castellano de la Universidad de Zaragoza en 2009.

La protagonista de Jóvenes y guapos hace muchas cosas por primera vez. Se matricula en la universidad, empeiza a trabajar en una compañía de animación, se va de gira con una obra de teatro amateur, prepara una tortilla de patata y acude al entierro de su abuelo en un tren nocturno.
Los relatos de Jóvenes y guapos cuentan una historia de aprendizaje. mientras viaja a Orense, Lisboa o Jaca, la narradora –que tiene muchas cosas en común con el personaje de París tres, el primer libro de Aloma Rodríguez–, observa la fragilidad, los secretos y las contradicciones de los demás. Y sobre todo descubre cosas de sí misma: se convierte en vértice de un triángulo amoroso, discute con gente que admira y constata el valor de la alegría, el juego y el sexo.
Con una mirada irreverente, a veces tierna y siempre fresca, Aloma Rodríguez ha escrito un libro sobre la amistad, el teatro y la familia.

3 Comments »

No hay mal que por bien no venga

Hace una semana aproximadamente este blog fue hackeado. Por error, el mantenimiento me bloqueó la entrada y no he podido acceder hasta hoy. Entre otras cosas, desapareció el diseño de la página y por eso hoy estreno nuevo diseño. Ya se sabe, no hay mal que por bien no venga. (Y el que no se consuela es porque no quiere).

2 Comments »

‘Mi Marruecos’ de Abdelá Taia

‘Mi Marruecos’ (Cabaret Voltaire, 2009) es el primer libro de  Abdelá Taia (Salé, Marruecos, 1973), que este año recibe el Premio Cálamo “Otra Mirada”. El libro llega a España nueve años después de su publicación en Francia, donde vive Taia, que ha iniciado una lucha por la defensa de los derechos de los homosexuales en Marruecos al hacer pública su homosexualidad.

‘Mi Marruecos’ repasa algunos episodios de la vida de Abdelá, desde su nacimiento hasta que se instala en París, un año antes de la publicación del libro. Abdelá tiene un hermano y seis hermanas mayores y su nacimiento devuelve el orgullo a la familia, sobre todo al padre, por ser varón. Sin embargo es un niño “hipersensible, endeble, enfermizo”. Abdelá recuerda su circuncisión; las tardes de cine de programa doble, Bruce Lee y películas indias en el cine Ópera, y ‘E.T.’ “que me llevaría a otros descubrimientos: Truffaut, Hitchcock, Renoir, Scorsese, y otros”; Sana, la primera niña de la que se enamora; su tía Masauda, su tío Jali Allal y su abuelo paterno; las veladas en el patio siguiendo las novelas de la radio que terminaban en cuanto uno de los personajes decía “te quiero”; las tardes en el hammam, los primeros encuentros sexuales con niños del barrio, y Salé, su ciudad, la despedida en la estación, las galletas Henry’s y la literatura: Mohamed Chukri y Paul Bowles. Abdelá Taia recuerda todo eso porque ya lo ha dejado atrás y lo echa de menos, lo añora desde su nueva vida en París: una ciudad a la que va a completar sus estudios y en la que se siente solo e invisible.

‘Mi Marruecos’ es un libro sobre la infancia, sobre el amor a la familia, a la ciudad, sobre el nacimiento de una vocación: la de escritor. Es un libro delicado, construido con destellos de melancolía del que sabe que ha dejado atrás una vida para empezar otra.

Esta reseña se publicó el pasado 18 de febrero en ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón.

La foto está tomada de aquí.

No Comments »

Una chica de mundo

Rodado en Torre Medina, Garrapinillos, el 5 de diciembre de 2009.

Realización y montaje: David Barreiros. Cuerpo de baile y coreografía: Sara, María, Marta, Ane, Patricia y Celia. Atrezo y vestuario: Carmen Gascón. El apartamento son Ana Fernández Cebrián y Aloma Rodríguez, las de las gafas.

1 Comment »

Paseador de perros, de Sergio Galarza.


 

 

Un limeño que llega a Madrid para “borrar el Lado A de un disco sin éxitos” porque “Madrid es como una maternidad para los viajeros” es el protagonista de ‘Paseador de perros’ (Candaya, 2009), la primera novela de Sergio Galarza (Lima, 1976). El futuro prometedor se va truncando: la relación con su novia se deteriora y el único trabajo que consigue es el de paseador de perros, que le permite husmear en la intimidad de las vidas ajenas pero que le obliga a recoger los desperdicios de las mascotas de los otros. El protagonista y narrador recorre la ciudad en metro hasta la casa de las mascotas: en Coslada, tres perros cuyo dueño agoniza en una cama, una boxer en el barrio de Salamanca y en Pozuelo, Oto, el mapache con el que establece una extraña relación y que adquiere un carácter simbólico. El hastío de una relación sentenciada, el resentimiento y el rencor del protagonista hacia su ex novia y hacia una ciudad que no le da lo que él esperaba aparecen en la novela, pero también la música, la literatura, la ciudad, los bares, las chicas y un jefe canalla y fantasma que se convierte en cómplice y casi mejor amigo. Todos los personajes ocultan algo que el paseador de perros descubre en su viaje a la decepción, en un final que recuerda al de ‘Los cuatrocientos golpes’ de Truffaut.

Galarza, autor de varios libros de cuentos y es coautor de ‘Los Rolling Stones en Perú’ (Periférica, 2007), ha escrito una novela que huye de los clichés de la novela social y cuyo protagonista es un joven que se busca a sí mismo en los metros, las canciones que más le gustan y los últimos tragos de las cervezas.

‘Paseador de perros’ se presentó el pasado jueves en la Fnac, el mismo día en que esta reseña apareció en ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón.

 

No Comments »

Furgonetas

Cuando la Nissan Serena granate de mi padre era demasiado vieja para seguir haciendo viajes de Garrapinillos a Zaragoza, o de Zaragoza a Ejulve, cargada de muebles y personas, nos deshicimos de ella. Mis padres compraron la furgoneta cuando vivíamos en el Maestrazgo, después de que el motor del Seat Ibiza rojo se incendiara espontáneamente unos días después de la última revisión. Habíamos viajado los cuatro hermanos que éramos entonces, mis padres y Pluto, el perro al que tuvimos que sacrificar tiempo después. La Nissan murió de manera menos trágica. Nos había llevado a Galicia en los viajes familiares en verano. La habían abierto una Nochebuena y se habían llevado los regalos que nos había traído Papá Noel en la esquina de la avenida Goya esquina con la calle del Carmen.

Después mis padres cambiaron de coche varias veces: era como si no encontraran el sustituto ideal. Eran demasiado pequeños, se rompían o acababan en el desguace tras un accidente del que mi madre salió ilesa de pura casualidad. Al final se decidieron por un modelo de Peugeot de siete plazas: los cinco hermanos y mis padres. Al principio la llevaba mi padre, tenía que hacer muchas maniobras para meterla en el garaje. Tiene el freno de mano a la izquierda. Una de las pocas veces que la he conducido la dejé cruzada en medio de la carretera, frente al campo de fútbol de Garrapinillos. Uno de los conductores a los que bloqueaba el paso, quitó el freno de mano. Mi hermano iba de copiloto, había girado la cabeza para que no le reconocieran. Ahora la lleva mi madre y dice que le gusta mucho, que es más alta y tiene mejor visibilidad.

Aunque la tenemos hace dos o tres años, creo que nunca habíamos ido los siete juntos en el coche hasta hace unos días. Coincidió con el día de Navidad. Mi hermano mayor y yo habíamos dormido en casa de mis padres esa noche. Mi padre quería ir al cine. Mi hermano pequeño quiso venir esta vez. Subimos al coche: Sara y yo entramos por el maletero, mis hermanos iban en la fila de en medio y mi padre conducía con mi madre al lado. Por un momento pensé que me gustaría que fuéramos a hacer un viaje largo, a Galicia, aunque ninguno de nosotros lo pasara bien allí. Me sentía segura y feliz. Discutimos por la película que queríamos ver y nos decidimos por la uruguaya que pasaban en los Renoir. Ocupábamos toda la fila seis.

2 Comments »

Autorretrato


Guión: Aloma Rodríguez.

Montaje: David Barreiros.

Colaboraciones: Sara Rodríguez, Isabel Brumós y Jorge Rodríguez.

6 Comments »

Les Amants réguliers y los Kinks


Les Amanst Réguliers (2005) de Philippe Garrel.
También en Viaje a Darjeeling, de Wes Anderson.

No Comments »

Del sexo y otras intimidades


“Zonas húmedas” (Anagrama, 2009) es la primera novela de Charlotte Roche (Wycombe, 1978), una inglesa de nacimiento que vive en Alemania desde muy pequeña y que ha triunfado como presentadora de televisión en diferentes canales. La novela, que apareció en 2008, ha vendido más de un millón y medio de ejemplares en Alemania. Ha sido comparada con Catherine Millet, Melissa Panarello, o “Crash” de J.G. Ballard por explícito sexualmente, y con “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger porque, como Holden Caulfield, la protagonista y narradora de “Zonas húmedas” es una adolescente que se busca a sí misma.

Helen Memel tiene dieciocho años y sufre de almorranas -“algo impropio de una chica”- desde que tiene memoria. Se ha provocado una fisura anal afeitándose y van a operarla. Es una mujer liberada sexualmente, que se masturba, se perfuma con su esmegma, experimenta con su propio cuerpo, va de putas, se fabrica tampones con papel higiénico, guarda el semen hasta que “horas después del sexo, el cálido flujo sale del chochito cual grata sorpresa”. Pero también es una niña, hija de padres divorciados que planea utilizar su estancia en el hospital para unirlos de nuevo.

En su diario de convalecencia, Helen nos lleva del quirófano a la sala de recuperación y de allí a su habitación, mientras reflexiona sobre el concepto de higiene, hace repaso de algunos de sus amantes: un señor mayor que “quería que lo supiera todo acerca de la sexualidad masculina para que en el futuro ningún macho pudiera tomarme el pelo”; le enseñaba porno e insistía en la “necesidad de meterle al hombre el dedo en el ano durante el sexo”; Kanell, un etíope al que conoce en la frutería en la que dispensa los sábados y que se ofrece a afeitarla; su experiencia con las drogas y cómo su amiga y ella se comieron sus propios vómitos. También recuerda episodios borrosos de su infancia: no sabe si su madre le cortó realmente las pestañas o lo soñó, pero recuerda que hubo una temporada en que no tenía, y es incapaz de saber cuándo una habitación huele a gas o cuándo son imaginaciones suyas debido a un episodio del que nunca ha hablado. No recuerda a qué se dedica su padre, pero sabe que le interesa la botánica y que es mejor tener preparada una conversación con él para evitar los largos silencios. Helen le pide al “amado Dios que no existes” que no se vea obligada a llevar pañales a los dieciocho años debido a un efecto secundario de la operación que le ocasione incontinencia anal. Tiene fantasías sexuales con Robin, el enfermero del turno de día, y establece una relación de complicidad: le pide que fotografíe la herida desde diferentes ángulos y de muy cerca para ver qué le han hecho.

Aunque Helen es muy explícita en las descripciones de sus entretenimientos sexuales, sola o acompañada, parece que esa rebeldía sexual es una reacción al conservadurismo de su madre y que su desprejuiciada manera de entender y vivir el sexo y la higiene guarda relación con su inestabilidad emocional. El divorcio de sus padres, algunos episodios poco claros de su infancia justifican la “anormalidad” de su relación con su propio cuerpo. La propia autora, en una entrevista en The Guardian, declaraba: “Todo el mundo que conozco está dañado, completamente. [Helen] ha tenido una infancia triste, pero eso también la hace muy especial de alguna manera: sabe exactamente lo que quiere, no quiere jugar, quiere deshacerse de todas las reglas que las mujeres tienen”. Roche confiesa en la misma entrevista haber hecho prometer a sus padres que no leerían el libro: “es desagradable para mis padres leerlo porque cada página es ¿Por qué se divorciaron?”.

Charlotte Roche maneja un lenguaje claro y libre de prejuicios en lo sexual -que a veces redunda en lo escatológico, más que en lo pornográfico- pero sutil en lo emocional y ha construido una novela descarada, chocante y provocadora. Más allá de las peripecias sexuales e íntimas, la novela encierra un aprendizaje emocional y una historia de amor. El exhibicionismo y la curiosidad de Helen son episodios de la búsqueda desesperada de sí misma, que empieza en la falta de prejuicios.

 Reseña aparecida en ‘Artes y Letras’ el jueves 22 de octubre.

2 Comments »

El agrio de Valérie Mréjen


“Estábamos sentados en un banco cerca de Les Halles, bajo una especie de pérgola de madera. Hacía buen tiempo. Me dijo: Ya no te quiero”. Así empieza “El agrio”, la segunda novela de Valérie Mréjen (París, 1969), que edita Periférica y que obtuvo el Prix au Deuxième Roman en 2002.“El agrio” cuenta una historia de amor con final infeliz; según la propia Mréjen “es un cuento de hadas fallido”. El relato está estructurado en párrafos muy breves, que son como pinceladas de un cuadro enorme que sólo somos capaces de ver completo al final del libro. Valérie sólo cuenta lo esencial y lo hace desde un aparente distanciamiento y frialdad; como si redactara un informe. Con una ironía muy sutil, la narradora y protagonista va desgajando capítulos de la relación con Bruno, el agrio, el príncipe que termina por no ser azul; el lector es capaz de adivinarlo gracias a la leve ironía mezclada con la inocencia de la protagonista.

Valérie Mréjen es, además de novelista, directora de cine y guionista, videoartista. “Mi abuelo” (Periférica, 2007), excelente debut literario de Valérie Mréjen, ha visto una prolongación en imágenes con la serie de fotografías “L’apartament de mon grand père”. En “Mi abuelo”, Mréjen hace un retrato familiar y de su infancia a partir de la figura de su abuelo materno. De “El agrio” existe una versión cinematográfica, “La défaite du rouge-gorge”. El pasado mes de agosto se pudieron ver algunos de sus trabajos en La Virreina, en Barcelona; es una habitual del Pompidou, el Jeu de Pomme o la Tate Modern de Londres. Didier Jacob, crítico literario francés, dijo de ella que “es como Perec, pero sin perilla”.

Reseña aparecida en “Artes & Letras” el 1 de octubre de 2009.

En la imagen, Valérie Mréjen fotografiada por Stéphanie Solinas. La tomo prestada del sitio web de Editions Allia.

1 Comment »